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10 jugadas que exasperan al hincha

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Un decálogo de aquellas jugadas que, si bien no son graves y no provocan tragedias, crispan los nervios de los sufridos hinchas. Momentos que no dan para abucheo, pero sí para un “uuuffffffff” (?)



Hay jugadas que inevitablemente generan una justificada catarata de puteadas. Un gol en contra –salvo aquel en que el defensor llega de última a evitar el gol y termina metiéndola antes de que entre por sí sola-, un penal innecesario, un gol errado debajo del arco, un offside pelotudo, todas aquellas en las que intervenga un jugador de nombre Adalberto (?). En fin, jugadas que en cualquier lugar del mundo, y en cualquier época, son el prólogo de una manifiesto en contra del mundo y la vida (?).

Hay también otras jugadas que sin denotar la gravedad de aquellas provocan un sentimiento de desazón en el hincha. Jugadas “pavas”, si se quiere (?), que no necesariamente se traducen en un gol rival o el desperdicio de una chance inmejorable, pero que realmente, acudiendo a términos científicos, rompen soberanamente las pelotas. A esas jugadas homenajea (?) este post.

El pase al pedo al arquero
En primer término, y porque nunca falta el-señala-cosas de turno, debe recalcarse la parte que dice “al pedo”. No todo pase al arquero es reprobable. De hecho, en más de una ocasión es lo recomendable. Es preferible dársela al golero para que la mande al a concha de su hermana lateral, que tener un defensor haciéndose un nudo y perdiéndola. Lo que molesta del pase al arquero son, fundamentalmente, tres cosas: cuando es una constante, cuando el defensor, pudiendo reventarla él mismo, se la da para que la revolee el golero, que se supone tiene menos manejo de pies, y los comentarios de hinchas infumables que se la pasan quejándose de que no juegan para adelante, aún cuando el adelante no existe (?). Queda un apéndice que es el caso del arquero habilidoso que cree que en toda jugada tiene la obligación ética y moral de firuletear. En ese caso la culpa no es técnicamente de quien le cede el balón, sino del propio portero, pero sabiendo esas tendencias, el defensor debería tenerla en cuenta y evitar malos momentos a su afición.

La jugadita preparada al ejecutar un tiro libre cercano al área
Culpa del periodismo (?) que ensalza el trabajo de la semana por cualquier pelotudez que ocurra en el campo de juego –o critica la falta del mismo- desde hace años ha cundido en diversos planteles la sensación de obligatoriedad de desperdiciar tiros libres ideales para pegarle al arco en pos de mostrar trabajo, ciencia y esfuerzo en forma de jugada preparada. No molesta alguna jugada preparada –sea eficaz o no finalmente-. No jode que se la intente cuando no se cuente con un ejecutor capaz. Ni siquiera rompe las pelotas cuando aún teniendo un shoteador consumado se intente sorprender con un toque al vacío. Irrita cuando se repite hasta el hartazgo, y/o cuando se la ejecuta de modo infantil, sin ningún plan real previo, siendo en ese caso una muestra cabal (?) de que en realidad los jugadores no tenían la más pálida idea de qué hacer, y además ninguno tenía las pelotas bien puestas (?) como para decir “masí, le pego yo y que sea lo que tenga que ser o no sea nada” (?).

La jugadita no preparada en el corner
Prima hermana de la anterior (?) esta aberración presenta todos los males de aquella, pero le suma algunos propios. En primer término ni siquiera es que se exija al ejecutante que meta un disparo preciso que se cuelgue de un ángulo; con que tire un centro que caiga al área medio que ya alcanza (?), si es en la cabeza de un compañero mucho mejor. Pero además deben ser contadas con los dedos de una mano las veces que una defensa se vio sorprendida por ese toquecito en el vértice de la cancha, y muchas menos la que terminó en gol. Por si fuera poco, en general uno de los dos zanguangos que hacen la movida termina en offside…

El toquecito intrascendente al llegar a ¾ de cancha
Ojo, no el toque esperando pacientemente que se abra un espacio en la defensa rival o que muera de causas naturales el más viejo de los zagueros rivales (?); sino el toque de los condenados, de los que no tienen cielo, de los descastados (?). Ese toque que se limita a pasarse la pelota unos a otros para no tener que tomar ninguna decisión, para no ser quien la tenga el que arriesgue, y que durará hasta tanto uno la tire al lateral –en el mejor de los casos- o hasta que la robe un rival y se escape hacia el gol de contra cual preso que vio caer fulminado al guardia cuando ya había girado la llave (?). No molesta que se haga de vez en cuando, ni siquiera que se haga en todos los partidos, pero sí que se haga en el 90% del tiempo de posesión, máxime sin en el 10% restante lo que se hace es bartolearla sin ton ni son.

El lateral mal sacado
No el lateral que intercepta un rival. Sí el que va al único espacio del terreno de juego que no tiene un jugador propio en 20 metros a la redonda. Pero fundamentalmente el que es mal ejecutado y obliga al botón del referi –porque hay que ser muy bigote para cobrar un mal sacado en un lateral- a concederle el aubol (?) al rival.

El offside mal tirado
Ya de por sí el jugar con el offside de modo aislado es peligroso y no apto para cardíacos (?). Hacerlo como sistema es temerarario. Pero hacerlo seguido y además mal es merecedor de fusilamiento. Cómo vas a tirar el offside si tu 3 es un mamerto o tu 2 una carreta. Adelantarse sí, y si el delantero rival es medio opa y cae solo fuera de juego, pues bienvenido sea, pero sino es preferible poder defender que quedar culo para arriba viendo como el delantero contrario corre con pelota dominada solo ante el arquero. Por si fuera poco es una jugada que para salir bien depende de tres circunstancias: que los defensores estén atentos; que el (los) delantero(s) rival(es) no lo esté(n); y que el línea se digne a levantar la banderita.

El centro a nadie
Alguno podrá decir “Eh, al final exaspera que toquen al pedo y hacia los costados, pero también que tiren un ollazo a ver qué onda”. Y claro, es lógico, natural, racional y obligatorio (?) que moleste. Hay algo para evitar esas dos conductas indeseadas, se llama “jugar al fútbol”. Es entendible el centro a la marchanta cuando ya no queda tiempo y las ideas no abundan, y encima la defensa rival no sale de su área chica, pero no hacerlo siempre. El pelotazo del 2 o el 5 al bulto es eso, un pelotazo, y los únicos beneficiados son los centrales rivales. Si 11 tipos que juegan con la pelotita todo el día no son capaces de, partido tras partido, intentar algo distinto que un fierrazo a la nada que devuelvan la guita (?).

El centro a las caderas del rival
No hace falta agregar nada, salvo que hay verdaderos especialistas en el fútbol argentino, e incluso dando cátedra al respecto en el exterior. Mostro, no podés no levantar la pelota, y no podés no errarle al contrario. Puede pasar una, dos, tres veces, si pasa siempre, pedí el cambio. De club en lo posible (?).

El foul innecesario
El delantero encara dentro del área rival y lo esperan no menos de 7 pares de piernas que le obstruyen su camino hacia el arco al tiempo que no le dejan resquicio al disparo. O bien en su loca corrida (?) el atacante se encierra solo contra el ángulo que se forma entre las líneas lateral y final, con un (y a veces más) defensor cerrándole la vuelta al campo de juego. El grito del hincha surge claro, preciso, exacto y sabio “No lo toques. Sin foul”. No obstante nunca falta el zapallo (?) que a pesar de todo eso, a pesar de jugar con una pelota desde antes de autosatisfacerse igualmente tala al contrario, transformando lo que era una pelota recuperada en una nueva chance para el equipo rival. También suele verse un ejemplo de este accionar en el mediocampo, posibilitando que el contrario pueda armar al menos en igualdad de condiciones numéricas, y siempre con más prolijidad, una jugada que se le presentaba complicada antes del foul inútil –en el sentido de poco útil, no de idiota, aunque pueden darse ambos al mismo tiempo (?)-. El fastidio del hincha, el técnico y demás compañeros crecen cuando además de todo lo anterior al salame del infractor (?) le muestran una tarjeta por esa jugada.

El pase al tipo que está rodeado de 18 (?) defensores
Pariente por afinidad del pelotazo a nadie y del toque intrascendente, esta jugada al menos puede alegar que la pelota mal que mal le llegó a un compañero. Pero ahí se acaban sus pro. Puede ser que el jugador que reciba la pelota sea un verdadero fenómeno, e incluso que alguna vez hasta pueda salir airoso del trance, pero lo más probable es que lisa y llanamente la pierda. Cuando dársela a ese futbolista es todo el “plan” de un equipo la cosa ya es preocupante, y el trabajo del contrario se ve facilitado por la falta de ideas de quien debe atacar. Si además el pobre infeliz (?) que recibe el balón en esas condiciones ni siquiera tiene aunque sea una opción potable –no digamos ya buena- de pase tiene todo el derecho del mundo, emanado de Dios, de mandar a todos sus compañeros a la cavidad que se le ocurra, y nadie le puede decir ni mú.

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