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Dedos de hierro

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Dedos de hierro Editar

Por Ernesto

Contaremos una historia nunca confirmada sobre lo sucedido a un arquero que tocó el cielo con las manos y apenas luego de tocarlo se quedó sin manos (?).


duckadam.jpg


Helmuth Duckadam nació el 1 de abril de 1953 en Arad, Rumania, para ser más precisos en Transilvania. El nombre nos indica que provenía de etnia germana, una colectividad menor en dicho país. En su pueblo natal comenzó a interesarse por el fútbol aunque en realidad lo mandaron al arco (?). Así arrancaría jugando en el Constructorul Arad, equipo de la tercera división rumana y sus buenos desempeños le valieron pasar al UTA Arad, equipo que en 1978 estaba en la Primera División. Allí se consolidaría como un arquero seguro, de buenos reflejos, atajador, pelo rústico rizado y bigotazos y después de cuatro temporadas llegaría el salto al equipo más importante del país, el Steaua de Bucarest.


Ya nos ocuparemos de Steaua en algún post etimológico, lo que queremos recordar ahora es que en este momento, hablamos de 1982, dicho equipo estaba controlado por el ejército rumano. Y si hablamos de ejérito en Rumania hablamos de Nicolae Ceaușescu. Nico (?), que estuvo en el poder desde 1967 hasta que lo ejecutaron en 1989, fue quien continuó con la política stalinista de Gheorghe Gheorghiu-De, pero la profundizó de la manera más nefasta posible. Hasta que los rumanos lo juzgaron, televisaron dicho juicio y luego lo condenaron a la muerte junto a su mujer Elena. Eso no sabemos si lo televisaron (?).


Duckadam seguía firme con sus aspiraciones de convertirse en uno de los mejores arqueros del país y conseguiría la titularidad un año después de su arribo a su nuevo club. De esta manera empezaron a llegar los campeonatos, dos ligas y una Copa de Rumania. Además de ser extremadamente seguro, Helmuth tenía otra virtud: era especialista en atajar penales. Se quedaba luego de los entrenamientos practicando y practicando y ello le valió al equipo rumano sortear varias etapas claves gracias a esta virtud. Y claro, tuvo su punto cúlmine en un partido decisivo donde el Steaua y el fútbol de Rumania en sí, por su intervención, tocarian el cielo con las manos.


Claro, estamos hablando de la final de la Copa de Campeones 1985/1986 frente al Barcelona. En esta competencia no participaron los equipos ingleses sancionados luego de la tragedia de Heysel y al Steaua se le fue abriendo el cuadro de manera notable hasta llegar a la final. Sin mayores problemas superó al Honved de Hungría, al Kuusisy de Finlandia y en las semifinales con mucha autoridad al Anderlecht. La final sería en Sevilla y el partido bastante flojo pero intenso. Aquel Steaua contaba con Miodrag Belodedici, Gavril Balint, Marius Lacatus y Victor Piturca como mejores jugadores. Y ese Barcelona que era entrenado por Terry Venables por entonces mostraba a jugadores de la talla de un Bernd Schuster, Alexanco, Angel Pedraza, Steve Archibald, Migueli, Víctor Muñoz.


La definición fue malísima. Los primeros cuatro penales fueron errados, pero Duckadam se lució atajandolos luego de que sus compañeros erraran. Un comentario al pasar: en este partido Venables sacó a falta de cinco minutos de terminar a Schuster, como todo el mundo sabe, gran ejecutor de penales. En el vestuario Schuster se peleó con el entrenador y se fue en taxi hasta el hotel donde vio la definición por penales ahí. El Barcelona no tenía por entonces una estirpe copera y esa era recién su segunda final, la otra había sido en 1961 ante Benfica, donde también perdió.


Llegó el momento de Lacatus quien finalmente convirtió. Pichi Alonso va a buscar la igualdad y nuevamente Helmuth. Balint convierte también, pone las cosas 2-0 en penales y Marcos Alonso debía convertir sí o sí para seguir con vida. Pero Duckadam acertó nuevamente y llevó a la conquista más importante de su historia al Steaua de Bucarest, la copa de Campeones nada más y nada menos. Helmuth Duckadam habia atajado, no uno ni dos ni tres penales, había atajado todo lo que le tiraron. Steaua era el primer equipo comunista en ganar este torneo, igual comunista stalinista así zarpado, no comunista copado, hay que hacer distinciones como con el peronismo sino todo se malinterpreta (?).


duckadam2.jpg


Obviamente estos muchachos alcanzaron la estatura de héroes en su país y se hacían purgas en su nombre para festejar (?). A Helmuth le decían “El héroe de Sevilla” y todo era festejo y el apogeo de este arquero que por entonces tenía 33 años. Pero unas semanas más tarde algo sucedería con él. Al parecer se enfermaría gravemente lo que lo obligaría a alejarse de las canchas. ¿Por qué usamos el potencial tipo Clarín? (?). Porque ésa fue la versión oficial, que el tipo se había agarrado una trombosis en un brazo y que las manos le habían quedado mochas. Pero dicha lesión nunca nadie la comprobó.


Cuando Steaua logró su copa el presidente del club era Valentín Ceauşescu, hermano de Nicolae, quien tenía a su hijo y sobrino de Valentin, Nicu Ceauşescu, rompiendo las pelotas por ahí. Nicu tenía esa típica personalidad de hijo de alguien poderoso pero más boludo e hijo de puta, con lo cual, bueno todo se complicaba. Hay que decir también que la termez no es un mal novedoso de los últimos tiempos, sino que Diego Maradona cuando dijo un día, “ese es un cabeza de termo” se refería a una larga de historia de muchachos con un lumilagro en la cabeza. En cualquier época y en cualquier parte del mundo. Y acá no vamos a tener la excepción.


Por su notable actuación en los penales frente al Barcelona había una persona muy pero muy contenta con Duckadam. Era Ramón Mendoza, inefable presidente de Real Madrid por aquella época quien de tan feliz que estaba por la derrota del Barça en la final de Sevilla decidió compensar al arquero rumano. Y para ello le regaló un Mercedes Benz de la con de tu má. Vale imaginarse, hablamos de Rumania, realismo socialista puro, nadie tenía un auto de lujo pero ni de casualidad, allí era el paraíso del Dacia o el Lada (?). Pero Helmuth sí, gracias a este noble benefactor español.


Nicu Ceauşescu no podía soportar esto. Un día se acercó al entrenamiento para hablar con el arquero sobre este tema y se produjo el siguiente diálogo:


Nicu: Lindu el autitu
Helmuth: Sí, peru es miu
Nicu: No, ahora es miu
Helmuth: Ni en pedu
Nicu: Aja, sos boletu (?)


Es así, Nicu fue a exigirle a Duckadam que le diera el Mercedes pero el arquero CON TODOS LOS HUEVOS DEL MUNDO se negó. Y la historia dicen que continuó así: la Securitate, que era la temible policía rumana, un día decidió irrumpir en la casa de Helmuth Duckadam y en un breve lapso de locura le rompieron los diez dedos al pobre arquero. No exageramos, la policía no se fue hasta fracturarle los diez dedos y una vez terminado el operativo se retiraron.


Por supuesto, esto causó que Duckadam no pudiera seguir atajando. Esto pasó en 1986 y recién en 1989 volvería a ponerse los guantes para intentarlo en el Vagonul Arad, modesto equipo de la segunda división. Estuvo vegetando un par de años allí sin logro alguno y en 1991 decidió abandonar el fútbol. El arquero más importante en la historia del fútbol rumano de esta manera terminaba su carrera profesional.


Duckadam siempre negó esta historia. Por eso usamos el potencial más arriba. El dijo que el gobierno lo premió a él con 200 dólares y un Dacia. No te la cree nadie, pero todos comprendían que debía mentir. El tema es hace más de 20 años que a los Ceauşescu los mataron. En fin, luego de su retiro Helmuth no la pasó bien, realizó trabajos menores para poder sobrevivir y tuvo que subastar los guantes de aquella final en Sevilla para llegar a fin de mes. Fue guardia de policía fronteriza e intentó abrir una escuela de fútbol, pero en ello también fracasó. Vivió un tiempito en Estados Unidos, volvió a Rumania donde le reconocieron con una medalla deportiva su actuación en la final contra Barcelona y en agosto del año pasado nada menos que Gigi Becali, el…como denominarlo, digamos dueño del Steaua, lo nombró presidente del club.


El manto misterioso y fascinante del gobierno de Ceauşescu deja esta historia de la que nunca al parecer se sabrá la verdad. A tal punto habrá sido instaurado el temor en el pobre Duckadam que aun hoy, con artrosis, sigue sin reconocer el hecho, sin contar lo que realmente motivó su temprano y sospechoso alejamiento de las canchas luego de haber hecho tocar el cielo con las manos a un país. Como no tenemos la certeza absoluta dejamos esta historia para que la leamos entre líneas y asì de alguna manera poder comprender la dimensión del hecho. La dimensión de un héroe fracturado.

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