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Grandes jugadores sudamericanos: Elías Figueroa

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Grandes jugadores sudamericanos: Elías Figueroa Editar

Por Pablo Picotto

Quien llegara a ser considerado uno de los mejores defensores de la historia pese a que nadie daba nada por él en su niñez, llega hoy a la sección de LR! destinada a recordar la carrera de ídolos surgidos en esta parte del continente.


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Más de una década y media vistiendo la camiseta roja, sin dudas transformaron a Elías Figueroa en uno de sus mayores símbolos a lo largo de toda la historia…


Este crack nació en la ciudad chilena de Valparaíso el 25 de octubre de 1945. Sin embargo, nadie en su familia podía imaginar la exitosa carrera que Elías construiría con el paso de los años, debido a complicaciones de salud que lo afectaron desde su más temprana edad. Primero, una difteria le ocasionó problemas a su corazón, y tiempo más tarde los médicos descubrieron que era asmático; ello derivó en un par de mudanzas para su familia (primero fueron a Quilpué y luego se afincaron en Villa Alemana), mientras el niño Figueroa empezaba a mostrar talento con la pelota, pero los facultativos le prohibieron la práctica del fútbol y hasta llegaron a arriesgar que no sería un pibe “normal”.


Sin embargo, a los ocho años ingresó al club Alto Florida (de Quilpué) y fue puliendo sus condiciones innatas hasta cumplir los catorce, cuando pasó al Deportivo Liceo de la misma ciudad. Pasó allí sólo un año, ya que gracias a contactos de su padre con el ayudante de campo del Santiago Wanderers -Víctor Parra- consiguió una prueba en el club que es habitué de la primera división chilena. Quedó seleccionado y en cuestión de meses, Figueroa había pasado de jugar con amigos en el barrio a ser sparring del Brasil que ganaría la Copa del Mundo disputada en su tierra. Seguramente, marcar a tipos como Pelé, Garrincha y Didí a tan temprana edad fue una experiencia que le sirvió, y mucho de cara a su futuro.


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Figueroa y la camiseta del Santiago Wanderers, la que le permitió pegar el salto a un grande y tener un nombre dentro del mundo del fútbol…


Más allá de tener contrato con el tradicional equipo de Valparaíso, se tuvo que ir a préstamo para debutar en la primera categoría trasandina (estaba tapado por Raúl Sánchez, mundialista chileno en el ´62), cosa que hizo vistiendo los colores de Unión La Calera -club habitué de la segunda división-. Ya había dejado de jugar como volante derecho (por consejo del técnico argentino José Pérez, de las inferiores del SW) para pasar a desempeñarse como marcador central, el puesto en el cual tendría reconocimiento a nivel mundial. Con el equipo cementero jugó su primer partido el 26 de abril de 1964 y ese mismo año, nada menos que en un triunfo ante el Colo Colo y en pleno estadio Nacional dio claras muestras de su calidad pese a la juventud que tenía.


“Estamos frente a un muchacho de diecisiete años que juega como un crack maduro, desde hoy yo no puedo más que llamarlo Don Elías Figueroa”, con esas palabras de un exaltado Hernán Solís -locutor radial-, nacía la leyenda de marcador central chileno.


Luego de dos temporadas jugando en gran nivel (ya había retornado al Santiago Wanderers) y de su buen rendimiento en el Sudamericano de 1967 hecho en Uruguay, al poco tiempo Independiente, Huracán y Peñarol querían hacerse de los servicios de la promesa chilena. Cuando todo parecía indicar que el tipo terminaría en el club de Avellaneda, el ese entonces vicepresidente “Carbonero” -Washington Cataldi- lo secuestró (?) y se lo llevó para Montevideo. Tal vez, Figueroa lejos estaba de imaginar que una gran etapa en su carrera estaba por comenzar.


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Quinto en la fila de arriba desde la izquierda, siendo parte de un Peñarol que estaba entre los mejores de América en ese tiempo, con Figueroa como estandarte de la defensa


Eso fue así, ya que si bien Peñarol no pudo repetir en la parte final de la década del ´60 la obtención de la Copa Libertadores (trofeo logrado en 1960, 61 y 66), Elías se coronó bicampeón uruguayo, fue titular en el equipo que en 1969 ganó la “Supercopa de Campeones” -ante el Santos de Pelé- y además fue elegido sistemáticamente como el mejor en su puesto a nivel nacional. Tuvo la oportunidad de llegar a la final de la Libertadores, pero en la edición del ´70 Estudiantes le ganó al “Aurinegro” por un ajustado 1-0 en el global de los 180 minutos y frustró su sueño de alcanzar el máximo trofeo americano.


Pero al “Manya” le llegó el ocaso, tuvo dificultades económicas y debió desprenderse de casi todas las figuras que lo habían erigido en uno de los mejores equipos del mundo en aquellos años. Fue entonces que Figueroa recibió dos ofertas muy disímiles: una del Real Madrid y otra del Internacional de Porto Alegre.


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Es el final, Estudiantes se consagra tricampeón de América en Montevideo y frustra al “Manya”… nunca más el chileno estaría tan cerca de ganar el máximo trofeo continental


La Europa futbolística no era la misma de hoy, obviamente, y por ello muchos jugadores sudamericanos no veían con malos ojos mudarse a Brasil. De hecho, estamos hablando de fines de 1971 y en ese entonces, el planeta fútbol (?) estaba rendido a los pies de los campeones del mundo.


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Cuarto de los parados desde la izquierda en esta imagen, fue el corazón de un Internacional que a mediados de la década del ´70 dominó la escena en el fútbol de Brasil


Tipos como Pelé, Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelino, todos ellos jugaban y prestigiaban la liga brasileña, lo que sumado al buen contrato ofrecido por la dirigencia del Inter, llevaron a Elías a decidirse por su oferta, lo cual fue tomado con profunda decepción por los hinchas peñarolenses, quienes molestos por la falta de capacidad de la dirigencia para retener a uno de sus últimos ídolos, se juntaron masivamente en la sede del club a romper los carnets de socios. Muy pronto se convirtió en referente del vestuario “Colorado”, y con su calidad en defensa fue una ayuda notable para que el equipo más popular de Porto Alegre -grande a nivel estadual pero siempre a la sombra de cariocas y paulistas- obtuviera su primer Brasileirao en 1975; pero tan bueno era el nivel de ese equipo -en el que jugaban el arquero Manga, Paulo Roberto Falcao y Paulo César Carpegiani- que en el ´76 repitió la consagración y se transformó así en el primer club en obtener el bicampeonato a nivel nacional.


Quedó pendiente la deuda de ganar la Libertadores con el club de Porto Alegre -el chileno jugó la edición del ´76 más no la del año siguiente-, pero en la fase de grupos el conjunto de Belo Horizonte se tomó revancha de la final perdida a nivel local y lo eliminó, ya que sólo pasaba el ganador de cada una de las zona a las siguiente fase. Cabe destacar que como local el Cruzeiro ganó 5 a 4 en el Mineirao y como visitante los de camiseta azul vencieron por 2 a 0, poniendo proa a la clasificación y a una copa que ese año ganarían por primera vez.


Su participación en el primer título tiene su momento más recordado justo en la final, ese momento en donde suelen aparecer los grandes. En el encuentro decisivo ante el Cruzeiro -jugado en el “Beira Río”, el 15 de diciembre del ´75- metió el único gol del encuentro, de cabeza. Pero ese tanto quedó en la historia como “el gol iluminado”. ¿Por qué ese nombre? Ya caía el atardecer en la ciudad “Gaúcha”, cuando a los quince minutos del complemento, justo en el sector donde saltó Figueroa apareció un haz de luz mientras el resto del campo estaba casi a oscuras… un fenómeno al que nadie le encontró explicación hasta la fecha y a partir del cual muchas personas llevaban a sus hijos enfermos a las prácticas para que el zaguero los curase con sus supuestos “poderes”.


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Su gol más famoso, ese que sirvió para definir el Brasileirao del ´75


A fines de ese año ganó el premio a mejor jugador del campeonato, así como también obtuvo en varias de las seis temporadas que jugó en tierra brasileña, la distinción al mejor zaguero del torneo. Como si eso fuera poco, siendo defensor logró llevarse tres veces consecutivas el galardón otorgado al mejor futbolista de Sudamérica (1974, 1975 y 1976), sucediendo en la lista nada menos que a Edson Arantes de Nascimento.


Alguna vez, el escritor y poeta brasileño Nelson Rodrígues escribió sobre él: “Elegante como un conde con smoking y peligroso como un tigre de bengala, Elías Figueroa fue el zaguero perfecto”. Pese a estar en el mejor momento de su carrera y casi en la plenitud de la edad para un futbolista, a comienzos de 1977 decidió irse del club con el que había ganado los seis estaduales que disputó y pegó la vuelta a su tierra natal, para participar del campeonato chileno tras diez años de ausencia.


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Toda la pinta del crack, vistiendo la camiseta con la cual fuera erigido en un dios por los torcedores del “Colorado” de Porto Alegre


Pero no se puso la camiseta de uno de los grandes. Arregló con el Palestino, un club para nada habituado a pelear arriba, aunque su llegada colaboró -y mucho- para que en esa misma temporada el equipo se alzara con la Copa de Chile, siendo esta la segunda luego de la lograda en el ´75. Aunque ahí no terminaba la historia: en 1978 los “Árabes” dieron el batacazo y ganaron la liga (por segunda y última vez hasta ahora), por lo que Figueroa se daba así el gran gusto de ganar un torneo de todos contra todos en su país de origen. Cabe destacar que ese equipo se mantuvo invicto hasta el año siguiente, por lo que con 44 cotejos sin conocer la derrota tiene una marca que no ha sido superada hasta el momento en el fútbol trasandino.


Figueroa jugó la Libertadores del ´79 (en la que su equipo fue eliminado en semifinales por el futuro campeón, Olimpia) y siguió en la institución hasta finales de 1980, cuando fue tentado para ser parte de la NASL yanqui, y firmó contrato con el Fort Lauderdale Strikers, conjunto del cual eran parte otras estrellas mundiales como Gerd Müller y Teófilo Cubillas. Solamente un año estuvo allí y logró el subcampeonato ante el famoso Cosmos, y aunque de cuatro países en los que jugó, Estados Unidos fue el único en el que no festejó un título, seguramente eso poco le debe haber importado teniendo en cuenta la cantidad de guita que debe haber embolsado el bajo nivel de esa liga.


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A fines de los 70´s volvió a su tierra para salir campeón con Palestino


Solamente una temporada duró la experiencia estadounidense de Elías, quien en 1982 volvió a su tierra y llegó a Colo Colo. Pero solamente jugó tres meses, retirándose luego de un clásico que terminó 2 a 2 ante la Universidad de Chile, jugado el 1º de enero del ´83. El hombre que durante casi dos décadas había hecho del área su dominio, entendía que había llegado el momento del descanso.


Elegido por la FIFA como el octavo mejor jugador sudamericano de la historia, Figueroa también se encuentra dentro de los cien mejores del mundo de todos los tiempos, según los que habitualmente le toman la leche al gato (?) el ente rector del fútbol mundial. Los pies de Don Elías están grabados en el “Paseo de la Fama” del Estadio Maracaná, en otra clara muestra de lo grosso que fue este hombre para el mundo del fútbol.


Reconocido en forma casi unánime como el mejor futbolista chileno de todos los tiempos, es considerado en el puesto de defensor central como uno de los mejores de la historia (“El área es mi casa y en ella entra solamente quien yo quiero” era su frase predilecta a la hora de definirse), en ese selecto grupo que integran Beckenbauer, Baresi y Passarella, entre otros. Su característica principal era cortar el ataque rival e inmediatamente salir jugando desde el fondo con total elegancia. Se destacaba por una fuerte personalidad -fue capitán desde el segundo tiempo de su debut en el Inter y ya jamás dejó la cinta-, pero eso no era óbice para demostrar una gran caballerosidad en el campo de juego. De técnica privilegiada y gran liderazgo, Figueroa (quien medía 1,84 mts. de altura) tenía un cabezazo muy potente que más de una vez le permitió llegar al gol.


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Tres mundiales con la selección chilena, el único en hacerlo


Internacional con la selección chilena durante dieciséis años (totalizó 47 partidos oficiales), pudo darse el gran gusto de jugar tres mundiales, lo que no cualquiera. Tal vez le haya quedado el gusto amargo de haberse ido en la primera ronda de Inglaterra ´66, Alemania ´74 y España ´82, pero convengamos que sus compañeros demasiado no lo ayudaban para que ocurriera lo contrario (?). Sin embargo, pese a las pobres performances de conjunto pudo destacarse a nivel individual, dado que fue bastante elogiado por la prensa internacional luego de su primer mundial -en el que apenas tenía 20 años de edad- y en el segundo logró ser parte del “Equipo ideal” pese a que su equipo apenas disputó los tres partidos de la primera fase.


“Es uno de los más grandes defensores de la historia”. ¿Quién lo dijo? Un europeo que del arte de defender sabía un rato largo… luego de semejante elogio viniendo de su parte, no hay que explayarse demasiado para justificar los motivos por los cuales el gran Elías Ricardo Figueroa Brander no podía quedar afuera de esta sección.

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