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Partieron temprano: Hernán Solari

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Partieron temprano: Hernán Solari Editar

Por Pablo Picotto

Llega hoy a LR! una sección especial. Una que se ocupará de reseñar la carrera de aquellos jugadores que perdieron la vida mientras estaban en actividad. Y la primera historia es la de un jugador que a pesar de su corta trayectoria, dejó su humilde huella en el clásico de Santa Fe.


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La imagen muestra al joven Hernán René Solari festejando su gol de cara a la popu visitante en el clásico santafesino, aquel 27 de marzo de 1993 en el viejo “Brigadier López”, cuando todo era fiesta…


Nacido el 27 de octubre de 1968 en Ingeniero Chanourdie, un pequeño pueblo ubicado en el norte santafesino, Hernán René Solari era un producto de las inferiores de Unión, más allá de haber comenzado su campaña en el Racing de Reconquista (club que suele tomar parte del Argentino “C”); a la edad de 16 años se incorporó a las filas del “Tatengue” -del cual era ferviente hincha- y con la camiseta rojiblanca debutó en la primera durante la temporada 1989/90, en la que el CAU había retornado al círculo superior luego de un año de ausencia.


Mediocampista de cuerpo liviano y dueño de un carácter afable que lo hacía ser querido por todos sus compañeros, a Solari no se le había hecho sencillo el hecho de adaptarse a vivir en la capital provincial, lejos de esa familia a la que tanto extrañaba. Para colmo, no lograba continuidad en Unión y los hinchas, lejos de tenerle paciencia pese a ser de la cantera, muchas veces lo hostigaban con reproches y por qué no, algún insulto.


“Cuando no jugaba quería abandonar el fútbol. Le dije que no, que era buen jugador, que siguiera, que lo hiciera por sus padres. Cuando se los nombré a ellos me contestó que tenía razón, que iba a seguir y que no les podía fallar”, tal el recuerdo de Luis Sauco, uno de sus entrenadores en las inferiores albirrojas. Aunque por fin la suerte se acordó de él en un momento, pues la venta del talentoso Darío Cabrol al Racing Club le abrió una puerta para que se afirmara de una buena vez en la primera de la entidad de la Avenida Vicente López. Corría ya el segundo semestre del año ´92, y para aquella temporada 1992/93 Unión había vuelto al Nacional B, siendo dirigido por un ex-jugador de la institución como Hilario Bravi.


Habilidoso y encarador, de a poco Hernán comenzó a mostrar sus condiciones. Por la 9ª fecha de las revanchas de aquella edición del principal torneo del ascenso argentino, a jugarse el sábado 27 de marzo del ´93, Bravi lo confirmó como titular para enfrentar nada menos que a Colón, el gran rival de la ciudad. Y no era en cualquier circunstancia, eh: el “Sabalero” venía siendo uno de los grandes animadores del campeonato (de hecho, perdería el desempate por el título en Córdoba ante Banfield) y el duelo -televisado en directo a gran parte del país por Canal 9- se iba a jugar en el “Brigadier López”, la casa colonista.


Apenas habían pasado siete minutos del pitazo inicial dado por Francisco Lamolina, cuando el “Indio” -vaya aquí el aplauso para la poca originalidad de los periodistas a la hora de poner apodos- tocó el cielo con las manos: decidido, pisó el área del eterno adversario y aprovechando un rebote que le quedó justo, sacudió la red con un remate que venció a José Felipe Perassi, un veterano de mil batallas. Solari corrió entonces hacia la tribuna visitante, se arrodilló ante los hinchas y lo gritó con ellos, como el hincha que era y levantando los brazos hacia el cielo. Unión no venía bien en ese certamen y su gente ya se ilusionaba con salvar el año ante el “Raza”, aunque en el complemento el local alcanzaría el 1 a 1 definitivo a través de un tacazo de Maximiliano Cincunegui.


Una vez en el vestuario, y muy emocionado por su gol, Hernán no pronunciaba palabra alguna. “¿Qué pasa pibe? ¿Hizo el gol y está agrandado?”, lo chicaneó Sauco, quien en ese entonces era ayudante de Bravi. “No Profe, no es eso. Mire la copa que me dieron, se la quiero llevar a mis viejos… me voy a ir a mi pueblo”, le contestó el tímido futbolista.


“Para el clásico se había preparado muy bien, le estaban saliendo las cosas. Me había prometido la camiseta y cuando llegó al departamento, me llamó y me tiró la “10” por las escaleras. Yo estaba con Eduardo Magnín, Héctor Varisco, Carlos González y Fernando Brandt. Le pedimos que se quede con nosotros, para salir todos juntos, pero él se quería ir a ver a los padres. Con sus amigos compraron unas gaseosas y unas empanadas y se fueron”, así recordaba hace un tiempo su amigo Raúl Neffen la última vez que vio con vida a Hernán.


Un Hernán que, en un Peugeot 504 color naranja, partió hacia su querido Ingeniero Chanourdie en las primeras horas del domingo 28 de marzo. Junto a él iban su compañero Héctor Álvarez, oriundo de Reconquista (ciudad en la que se bajó el lateral), Abel Ibarra y Rolando Fernández, conductor del vehículo. Aquella noche, la niebla en la ruta 11 que conecta a Santa Fe con Chaco y Formosa terminó jugando un papel clave en la tragedia: tres camiones chocaron entre sí a cuatro kilómetros de la localidad de Avellaneda y se cruzaron en el camino por el cual Solari y sus amigos pasarían minutos después. Fernández no llegó a reaccionar y el impacto contra los otros rodados fue terrible, a punto tal que los tres ocupantes del rodado menor murieron en el acto.


Nadie lo podía creer, nadie quería creerlo. El “Indio”, que había vivido su mejor momento en su corta carrera futbolística apenas unas horas antes, estaba muerto. Sus restos fueron sepultados en la mañana del lunes 29; la caravana partió desde el centro de Reconquista, con una cola de autos en la ruta que superó los tres kilómetros y se hizo aún más grande a medida que se acercaba a su pequeño pueblo. Una vez allí, su féretro fue tapado con los colores rojiblancos.


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El último equipo de Unión que integró, aquella tarde-noche de marzo. Parados: Oscar Leguizamón, Ariel Catinot, Iván Varisco, Héctor Álvarez, Fernando Brandt y Eduardo Magnín. Hincados: Víctor Andrada, Alfredo Llane, Dante Fernández, Hernán Solari y Marcelo Rufini


“Llegué al club en 1988 y él ya estaba en la primera de la liga santafesina. Vivíamos juntos en la pensión y nos hicimos amigos. Éramos muy parecidos, familieros… era un pibe fuera de serie”, así lo recordó alguna vez Eduardo Magnín, quien compartió planteles con Solari durante 5 años entre divisiones inferiores y el primer equipo del rojiblanco.


Otro que lo conoció bien fue Héctor Iván Varisco, llegado llegó a Unión en el ´89. Por vivir juntos en el mismo departamento y por las muchas horas de entrenamiento compartidas, el arquero se convirtió en uno de los mejores amigos de Solari. Por mucho tiempo, Varisco estuvo enojado consigo mismo por no poder convencer al volante de que se quedara a festejar en Santa Fe luego del clásico, en vez de volver a su pueblo natal. A Colón íbamos a poner la cabeza. Veníamos muy mal, estábamos en una época de transición y después de mucho tiempo los juveniles del club teníamos la posibilidad de jugar, yo esperé dos años en el banco hasta que fui titular y él, después de tanto luchar, parecía que encontraba su lugar, contó hace un tiempo en un reportaje de El Litoral. Además, el ex-golero recordó cómo había empezado su relación con el nacido en Chanourdie: “Llegué al club en 1989, ahí Hernán llevaba varios años en las inferiores y el club me mandó a vivir a un departamento con el “Indio” y otros muchachos, así comenzó nuestra amistad. Compartíamos muchas cosas juntos todo el día, éramos todos juveniles y una época dura porque nos costaba llegar. En ese tiempo, por más que uno tuviera condiciones futbolísticas, en el club era difícil confiar en los pibes”.


Según sus palabras, a Solari le jugaba en contra su personalidad, la cual se había visto afectada además por el desarraigo: “Era un chico tímido, le costaba mucho entrar en confianza, no era de hablar demasiado. Incluso para el fútbol le faltaba algo de personalidad, era un muy buen jugador y un proyecto serio, pero le faltaba más carácter y eso fue algo que lo demoró para llegar a la primera. No hay que olvidar que venía de un pueblo muy chico, no era fácil para él, en Santa Fe estaba solo y ese desarraigo lo sufría. Su familia era humilde y no podía viajar a visitarlo, siempre vivió en la pensión, tenía que llevarse la comida, todo le costaba el doble. Y lamentablemente, cuando comenzaron a confiar en sus condiciones, Bravi lo consolidó en la primera e hizo el gol en el clásico, le pasa esa misma noche lo del accidente. Nunca entendí por qué después de tanto sacrificio, no pudo disfrutar nada.


Si bien el empate le había terminado sentando mejor a Colón, en la intimidad del vestuario visitante la alegría de los pibes era grande en aquella noche de marzo del ´93. “Veníamos mal y casi lo ganamos, por ende estábamos muy contentos. Hernán estaba feliz, su gol era el premio a tanto sacrificio de años. En un plantel plagado de jóvenes, nos pusimos de acuerdo esa noche para ir a cenar todos juntos y después salir a bailar para festejar. Pero él era muy pegado a su familia y pese a que le dijimos que se quedara para festejar con nosotros quiso volver a su pueblo, a festejar con los suyos… su felicidad quería compartirla con quienes lo habían acompañado durante todos sus años de sacrificio. Creo que ni habló con los periodistas cuando terminó el partido, estaba apurado por irse”.


A las pocas horas, todo cambiaría para Varisco y el resto del plantel santafesino. “No me podían encontrar por ningún lado para avisarme, Magnín se había enterado a eso de las 8 de la mañana y desde ahí me buscaba para darme la noticia, al mediodía me enteré y no lo podía creer. Nos juntamos en el lugar de concentración y en colectivo fuimos a despedirlo. Verlo ahí, en el cajón, era increíble… mirá que irónico que festejó el gol mirando al cielo, andá a saber si a lo mejor ése era su destino… por mucho tiempo estuve enojado con él porque no quiso quedarse a festejar con nosotros. Por mucho tiempo también me culpé de lo que pasó porque entendía que yo lo había dejado ir”.


Ya han pasado más de 17 años de la trágica muerte de Solari, pero la gente del “Tate” no lo olvida. En el lugar del accidente y en el cementerio donde descansan sus restos, hay hinchas que le llevan escudos y banderas y le piden favores. “El año pasado, cerca del lugar del accidente, encontramos un escudo de Unión. Pusieron una cruz y escribieron «Gracias Indio». Al poco tiempo ese escudo apareció en el cementerio. Ahí le traen cosas del club, le escriben y le piden favores. Muchas veces las dejan en el lugar del accidente. Cuando las encontramos las traemos a su tumba”, contó en una entrevista Teresa, su madre, quien sigue viviendo en Ingeniero Chanourdié, ese lugar que no llega siquiera a las 1.500 almas.


Hernán René Solari se fue de madrugada, justo después de hacer un gol en el clásico, justo en el momento en que empezaba a ser uno de los más queridos por la hinchada, justo cuando parecía que se consolidaba en la primera del club de toda la vida, después de haberle ganado en silencio a la reprobación de su gente… en fin, cuando asomaba a la vida y tenía todo por hacer dentro del fútbol. El “Indio” se fue intempestivamente, dejando así una tristeza que el paso del tiempo no podrá borrar jamás.

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